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Fiestas de San Juan de Soria

Encierro en Cañada Honda, Valonsadero

Fiestas declaradas de Interés Turístico

Ya se habla de ellas en el Fuero de Soria del siglo XII

El culto al toro y las fiestas del Común


Antiquísimas fiestas solsticiales que todavía perduran en Soria. Sol, vino y toros representan cultos ancestrales de origen incierto, aunque son muchas las interpretaciones que han buscado su explicación. Desde influencias prehistóricas bajo el animal totémico, hasta los cultos a Mitra y Atis importados por las legiones romanas, que también giran en torno al toro sacrificado y la resurrección. Pero de una cosa no hay duda, las Fiestas de San Juan de Soria son las Fiestas del Común, que representa el estado llano de la Soria medieval, donde "nadie es más que nadie", pues los "hombres buenos" (los jurados que dirigen los barrios) son sinónimo de igualdad y libertad.

Pero siempre ha habido por parte de las autoridades, tanto civiles como eclesiásticas, intención de controlar, reglamentar o cristianizar festejos que rezuman creencias y ritos paganos imposibles de acallar. Así, la siguiente cuarteta define el sentir de generaciones de sorianos durante siglos.

  •     "Podrá faltarnos el pan
  •     y podrá secarse el Duero,
  •     pero arde Soria primero
  •     si no hay fiestas de San Juan"

Así de claro lo tiene el pueblo de Soria desde tiempo inmemorial. Porque las Fiestas de San Juan o de la Madre de Dios representan el clímax anual de la vida en la ciudad, y hasta en la provincia. No en balde eran fechas donde se daba banquete franco en abundancia a pobres y forasteros asistentes, además de ofrecer corridas de toros y otros lances.

Como quiera que sea, las fiestas de las Calderas de Soria, que así eran también conocidas, son antiquísimas. Ya se habla de ellas y de los jurados de cuadrilla en el Fuero de Soria (otorgado por Alfonso VIII en el siglo XII), donde se consignaba que mientras duraran las fiestas de Santa María, no se podía citar a nadie a juicio. Siglos después, tras multitud de intentos por encauzar o reprimir tan primigenios festejos solsticiales, toro, sol y vino siguen despertando el ancestral rito en el alto llano numantino.

 

Día a día de los sanjuanes

Aunque oficialmente comienzan el primer jueves después del día de San Juan, 24 de junio, o el mismo día si ambas fechas coinciden, el ciclo de los sanjuanes se inicia mucho antes.

En primavera se eligen los doce jurados y juradas que gobernarán otras tantas cuadrillas en que se divide la ciudad. Para tal mandato, cada jurado (figura que tiene su origen en los antiguos alcaldes de barrio medievales) cuenta con la ayuda de un secretario y los cuatros, además de otros colaboradores, pues el trabajo que conlleva la organización de las fiestas es complejo e intenso.

Así, el primer domingo de mayo, se celebra el Catapán, que tiene como escenario el local con que cuenta cada una de las doce cuadrillas. La lectura de cuentas del pasado año y su aprobación por los vecinos, abren paso al reparto franco de vino, pan, queso y bacalao seco. Cual viaje iniciático, los vecinos recorrerán, si el cuerpo aguanta, cuantas cuadrillas puedan visitar. Todo ello a ritmo de sanjuanera, pues estas fiestas cuentan con un variado repertorio de letra y música que identifica de forma particular cada festejo.

Llegado junio, el ciclo de los sanjuanes se apodera completamente de la ciudad y de su monte cercano. Tanto las calles de Soria como las praderas junto al Duero y el monte Valonsadero son escenario de fiesta y jolgorio. Cuatro fechas se desarrollarán en Valonsadero: los dos primeros sábados de junio, El Desencajonamiento y el Lavalenguas; el domingo de La Compra y el jueves La Saca. Estas celebraciones dependerán, siempre, de la fecha en que caiga el día de San Juan.

En el monte, primero se celebra la llegada de los doce toros a los corrales de Cañada Honda. Es el Desencajonamiento, que ha ganado poco a poco su puesto en el calendario festivo. Una semana después, también en sábado, se celebra el Lavalenguas, con encierro matutino y por la tarde suelta de toros por la cañada que tiene como fin la selección del toro que le corresponderá a cada cuadrilla.

Ocho días más tarde, en domingo, llega La Compra. Los sorianos llegan al monte Valonsadero de madrugada, a ver salir el sol, a almozar y a encerrar los toros. Por la tarde, como en el Lavalenguas, suelta de los animales por la cañada y cada cuadrilla ajusta y compra su toro.

 

Apoteósis festivo

Tras estos intensos prolegómenos, el Miércoles del Pregón comienzan las fiestas oficialmente. Horas después de la arenga al pueblo de Soria desde la Casa de los Doce Linajes (edificio del Ayuntamiento), arranca el Jueves La Saca, uno de los días más intensos y querido por los sorianos. Gran muchedumbre se cita, desde muy temprano, en Valonsadero para ser testigos de la salida de los toros de los corrales de Cañada Honda. Los doce astados serán conducidos campo a través por numerosos caballistas hasta la "Chata", la Plaza de toros de Soria. Un largo recorrido sujeto a numerosos lances y anécdotas que confirma la llegada de la fiesta a la ciudad.

El Viernes de Toros, en un coso a rebosar por dentro y por fuera, son lidiados mañana y tarde los doce novillos con las enseñas de cada cuadrilla. Las calles de la ciudad, repletas de gentío, ven pasar charangas y cuadrillas en camino de ida y vuelta a la plaza de toros y los barrios.

El Sábado Agés, por la mañana, cada cuadrilla reparte las tajadas crudas entre sus vecinos, mientras por la tarde se subastan los despojos del toro en animada puja y revuelo de botas (de vino).

Plantados ya en Domingo de Calderas, día de gran esplendor como recuerda la letra de su canción, las doce cuadrillas procesionan hasta el parque de la Dehesa con sus engalanadas Calderas, símbolo de antiguos ritos dulcificados con el tiempo. Comitiva larga y pintoresca donde jurados, cuatros, músicos y cientos de piñorras (atavío tradicional) buscarán las sombras del parque para degustar las viandas. Éstas fueron antaño ración de caldera a la que tenían derecho los pobres.

El Lunes de Bailas guarda la sorpresa final. Último día de fiestas y primero en que se hace patente la religiosidad. Por la mañana, las doce cuadrillas, ahora con imágenes de Vírgenes y santos, procesionan hasta el parque para oir misa de campaña. De nuevo músicos y piñorras arropan la comitiva que, de vuelta a la Plaza Mayor, realizará un vistoso y emotivo homenaje a la Virgen de la Blanca, patrona de las fiestas. Las doce cuadrillas recorrerán, por última vez, las calles de su barrio con la imagen de su advocación, recibiendo muchos el honor en sus casas o negocios.

Y por la tarde, al Duero. Sus orillas acogen multitudinario baile, música, jaranda y merienda hasta la puesta de sol. Subirá entonces el pueblo de Soria, entre atronador cántico, hasta su Plaza Mayor donde, tras repaso musical de los días transcurridos, se cerrará un nuevo ciclo con el Adiós, adiós San Juan. Amanecerá despacio, en silencio; es Martes a Escuela.

 

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