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Tierra de Medinaceli

Arco romano de Medinaceli Santa Maria de Huerta Castillo de Montuenga

Comarcas

Páramo y ribera por el antiguo Ducado


• Los municipios
• Patrimonio cultural

 

El antiguo Ducado de Medinaceli se extiende desde las tierras altas que conforman los páramos de Barahona, hasta las fértiles huertas que, a lo largo del Jalón, anuncian la proximidad de la tierra aragonesa. Asentada la ciudad ducal en las estribaciones de sierra Ministra, sobre el elevado balcón que domina el histórico valle de Arbujuelo, denota ya en sus alrededores la transición del paisaje castellano al aragonés; de la dureza del páramo blanquecino, pelado y seco, al verdor de las fértiles huertas dominadas por los cerros rojizos y gastados por la erosión.

A la circunstancia de ser una comarca geográfica que se abre, al mismo tiempo, al páramo y a la ribera, se añade el haberse configurado la villa, desde la época romana, como plaza fuerte de fácil defensa. Medinaceli significó siempre la fortaleza situada estratégicamente en el camino natural que, por las orillas del río Jalón, comunica las riberas del Tajo y del Ebro. Tal condición haría de ella objeto de las apetencias de numerosos caudillos, militares y emperadores romanos -en el151 a. de J.C. la Occilis celtíbera fue tomada por los soldados del cónsul M. Claudio Marcelo-, cristianos y, especialmente, musulmanes. En el siglo X, el Califato de Córdoba hizo a Medinaceli capital de la frontera superior del Duero, reconociendo de este modo el extraordinario valor militar de su emplazamiento.

Una rica comarca histórica

Descendiendo el "escalón" de casi doscientos metros desde el que antaño vigilaba y hoy duerme Medinaceli, es inevitable fijar la atención en el sinfín de lugares que evidencian la importancia histórica de la comarca. Baste para comprobarlo una visita al Museo Paleontológico de Ambrona, que conserva los restos fosilizados de enormes paquidermos cazados en esa localidad y en Torralba del Moral en tiempos prehistóricos; los vestigios árabes hallados en Benamira; los castillos que dominan Alcubilla de las Peñas, Miño de Medina, Jubera, Somaén, Montuenga de Soria, o el antiguo pueblo morisco que fue Arcos del Jalón. Fortalezas todas que denotan la condición del ducado como frontera entre cristianos y musulmanes, primero, y entre aragoneses y castellanos, después.

Santa María de Huerta ha sido tradicionalmente, junto con Medinaceli, el centro artístico e histórico de la comarca. Tierra de huertas feraces, regadas por el Jalón y poderosamente influidas por la cercanía de Aragón, conoció su momento de esplendor en el siglo XII. Alfonso VIII y el arzobispo Rodrigo Ximénez de Rada colocaron entonces la primera piedra del monasterio, y lo entregaron a la obediencia de la orden del Císter, en la que ha permanecido hasta nuestros días pese al abandono que sufriera en el siglo XIX.

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El patrimonio de Tierra de Medinaceli

  • • A la grandeza de la villa contribuyó notablemente el poderoso Almanzor, al hacer de Medina Selim, o "ciudad del cielo", el centro logístico de las cincuenta incursiones devastadoras que, a lo largo de veinticinco años, emprendió contra las tierras del norte peninsular. Desde la Puerta Arabe se contempla todavía hoy el llamado Campo de los Cerrillos, bajo alguno de los cuales se cree fue enterrado el jefe musulmán en el año 1002, muerto al regreso de su última expedición de castigo por la sierra de Cameros.
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  • • Años después, según el criterio del filósofo e historiador Menéndez Pidal, nacería en Medinaceli el autor del Cantar del Mio Cid. La tesis no ha dejado de suscitar controversias; en lo que sí parecen estar de acuerdo todos los estudiosos es en el profundo conocimiento de la comarca soriana que demuestra el autor: en diversos pasajes de la obra cita a Medinaceli, haciendo incluso del camino hasta Molina de Aragón el eje geográfico principal del relato "Salieron de Medina e Salón passavan/ Arbuxuelo arriba privado aguijaban ... ".
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  • • Alfonso VII otorgaría el privilegio del fuero a Medinaceli en el siglo XII, pero el encumbramiento de la villa y de sus tierras a la categoría de condado no tuvo lugar hasta 1371 -en favor del conde de Foix-, y a la de ducado hasta el acceso al trono de los Reyes Católicos.
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  • • Los años de grandeza no impedirían el que durante el siglo XVI, volcada la monarquía española en diversas empresas exteriores, sobreviniese la decadencia de Medinaceli y de las otras ciudades-fortalezas del Duero. Así, en 1561, el duque, ante la imposibilidad de mantener sus doce iglesias, tres conventos y un hospital, pidió y obtuvo licencia para erigir una colegiata y demoler a cambio las parroquias. Comprobación evidente de esta situación de crisis sería la práctica inexistencia de arquitectura medieval en el núcleo principal de toda la zona, la capital Medinaceli.
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  • • Su dilatada historia ha hecho de la villa uno de los más portentosos conjuntos monumentales de España. De la época romana quedan los restos de la muralla y el arco de triple arcada -9 m de altura, por unos 14 m de anchura total-, único conservado en España. De la presencia musulmana restan algunos lienzos de muralla y partes del castillo, así como la llamada Puerta Arabe; de la importante población judia que allí se estableciera perdura la que se supone fuera su sinagoga, convertida en Oratorio de San Román. Monumentos muy posteriores son ya la colegiata gótíca de Santa María, del siglo XVI, que cuenta con una hermosa verja gótica situada ante el presbiterio; el monasterio del Santa Isabel y la Alhóndiga, ambos también del siglo XVI, y el palacio Ducal, del siglo XVIII. Paradójicamente, no son los monumentos principales los que confieren a Medinaceli su especial atractivo, sino los antiguos palacios y casonas, cuyos muros de sillería se encuadran y adornan con una rica rejería presente en ventanas, balcones y puertas en una importante variedad de dibujos y trazados, junto con los numerosos escudos nobiliarios que adornan sus fachadas.

 


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