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Tierra del Burgo

Cañón del río Lobos Catedral de El Burgo de Osma Calatañazor

Comarcas

Ríos de Historia y naturaleza plena


• Los municipios
• Patrimonio cultural

 

La Tierra del Burgo, bañada por el río Milanos, el Abión y el río Ucero, está intensamente marcada por la Edad Media, con importante patrimonio histórico monumental. Nació la villa de El Burgo como un barrio de Osma -la Uxama arévaca y Uxama Arguelae romana- en la vega del Ucero, pero pronto superó en importancia a su ciudad madre, atrayendo hacia sí la episcopalía que ella ostentaba desde el siglo VI.

El río Ucero no es ya a estas alturas de su curso el río áspero y limpio que discurre unos kilómetros más al norte, a la altura del pueblo de su mismo nombre, a medio camino entre El Burgo y San Leonardo. La villa de Ucero es lugar de confluencia, precisamente, de sus aguas con las de otro de los ríos más famosos de la provincia: el Lobos, cuyo curso torrencial ha ido excavando en el terreno calizo, cubierto de pinos y sabinas, un profundo cañón de escarpadas laderas. Allí, en una de las hoces que forma el río Lobos, encontramos la singular ermita de San Bartolomé, resto de un antiguo convento de Templarios.

Desde El Burgo de Osma, y hacia el oeste, el paisaje de la comarca se transforma en el típico cerealista castellano. Explotaciones de secano, ocres y marrones en invierno y con un abanico inabarcable de tonalidades, del verde brillante al amarillo pajizo, conforme las cosechas maduran en primavera y estío. Pequeños oteros completamente deforestados y algunos rodales de encinas y robles, que diríanse sembrados a voleo y con escasez, rompen de vez en cuando la total monotonía de este paisaje.

El río Milanos por su parte arropa a Calatañazor, sonoro nombre que delata lugar privilegiado en la historia de la Reconquista. Entre leyendas y realidades, desde sus medievales muros el Valle de la Sangre sigue recordando, mil años después, el ardor guerrero de cristianos y musulmanes. 

Espeja de San Marcelino y Espejón adquirieron renombre por sus yacimientos de mármol jaspeado, mármol que sirvió en las construcciones de los Reales Sitios y en la del púlpito de la catedral de El Burgo de Osma, entre otros monumentos. Los elementos artísticos más sobresalientes del monasterio de Espeja fueron los sepulcros de jaspe y alabastro de los Avellaneda –hoy en el Museo de Escultura de Valladolid–, bienhechores del citado monasterio.

 

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  • Patrimonio de El Burgo de Osma

  •  Aunque en un principio El Burgo de Osma fue sólo un pequeño núcleo de la burguesía medieval, pronto superó en importancia a su ciudad madre, Osma, atrayendo hacia sí la episcopalía que ella ostentaba desde el siglo VI. San Pedro de Osma, o San Pedro de Bourges, levantó en El Burgo la primera catedral, románica, a principios del siglo XII, de la que sólo se conservan algunos capiteles. Un siglo después otro prelado, don Juan Domínguez, pondría en marcha la construcción de la actual catedral gótica, concluida en lo fundamental en 1331, aunque posteriormente se le añadieran el claustro, gótico tardío, y la torre de estilo barroco.
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  • • Junto a su catedral, considerada por muchos como el mejor monumento soriano, El Burgo de Osma cuenta también con otros importantes monumentos, como la antigua universidad de Santa Catalina, el hospital de San Agustín y el palacio del Obispo. La calle Mayor y la plaza Mayor, ambas porticadas, fueron durante siglos el centro de transacciones de la comarca, y el mercado de los sábados constituía el centro de referencia de toda la Ribera Baja. Porque El Burgo de Osma, en palabras de Dionisio Ridruejo, siempre ha sido «plaza comercial de algún relieve, próspera en los tiempos en que bajaba aún por aquí gran parte de la madera pinariega que luego se llevó el ferrocarril».

 

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