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Parque de El Castillo

Parque del Castillo de Soria

Espacios verdes

Espacio heredero del antiguo castillo


Durante siglos, el cerro del Castillo que corona la ciudad de Soria estuvo ocupado por una fortaleza que el tiempo y la Historia han acabado por convertir en ruinas. Restos que poco dicen del tamaño e importancia de aquellas fuertes defensas, aunque sí acabó el lugar, y el parque que ahora ocupa, por recibir en herencia el nombre que atestigua su origen.

Ahora, entre aquellos antiguos restos de gestas guerreras, surge un espacio verde y romántico, con excelentes vistas y rincones donde disfrutar de paz y silencio. El Castillo posee ese justo equilibrio que sólo se encuentra en algunos parques donde se mezclan armónicamente espacios bien cuidados sin renunciar al privilegio de lo salvaje.

El Duero, que discurre a los pies del cerro entre paisajes de arrebatadora belleza, es testigo permanente de la verde corona que asoma sobre edificios y tejados de la ciudad, afirmando su inquebrantable labor de centinela. Es el Castillo, sin duda, mirador privilegiado a la ciudad de Soria y a horizontes de sierras y lejanos cielos.

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Galería Fotográfica

Parque del Castillo. Antigua entrada a la fortaleza

El cerro del Castillo La piscina infantl Mirador del Castillo Estampa otoñal del Parque

El parque

Ahora, en lo más alto, donde antaño se ubicaba la plaza de armas de la fortaleza, luce una verde pradera y paseos arbolados, mientras el lugar que ocupaba un gran aljibe, ha sido convertido en atractiva piscina para los más pequeños.

También el recinto superior alberga otras construcciones, como el Parador Nacional Antonio Machado, cuya estructura es visible desde todas las márgenes del Duero y cerros colindantes; los antiguos depósitos del agua, construidos en 1960 y ahora reutilizadas sus arcadas externas como original espacio para muestras artísticas; la planta potabilizadora, actualmente en desuso; la casa del ingeniero, usada como biblioteca de verano; además de juegos infantiles, mesas y fuentes para uso lúdico.

En la falda norte del cerro también encontramos otro depósito de aguas y una de las antiguas neveras de la ciudad. Un poco más abajo, también excelente atalaya a la ciudad, el monumento al Sagrado Corazón de Jesús, construido durante el reinado de Alfonso XII, que comunica por larga y empinada escalinata con el casco urbano. Durante la Edad Media, por esta ladera, se extendía la judería de la ciudad, muy importante y numerosa en la época.

Entre sus valores naturales destaca la geología de la ladera este, con pronunciadas cárcavas que apuntan hacia el río, y la variedad de sus especies vegetales entre las que se encuentran cipreses, cedros, acacias, chopos, fresnos, almendros o tilos. La fauna que ocupa este espacio se compone de golondrinas, estorninos, grajillas, cernícalos, autillos, víboras, lagartos ocelados, murciélagos, ardillas, ratones de campo y hasta merodea por los contornos algún zorro.

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    • Un poco de Historia

El recinto primitivo del castillo de Soria, correspondía a la parte donde actualmente se conservan las ruinas de la torre del homenaje y la piscina siendo posible su construcción inicial de los siglos IX- X, por lo tanto de factura árabe. La primera referencia escrita al castillo se remonta al año 868, cuando un tal Sulayman Ibn Abdus se sublevó contra el poder de Córdoba y se refugió en Medina Soria. La tradición atribuye el núcleo más antiguo al conde Fernán González, pero lo cierto es que el recinto exterior lo levantó Alfonso I de Aragón en el siglo XII.

Más tarde se ampliaría el recinto superior o castillo, abarcando toda la parte alta del cerro homónimo. Solo quedan restos desperdigados de lo que fue una enorme fortaleza. En los frescos de la ermita de San Saturio y en dibujos de finales del XVIII se aprecia cómo el recinto amurallado ocupaba toda la parte superior del monte, sobresaliendo cuatro pequeñas torres, la del homenaje y el lienzo de muralla que bajaba hasta el río.

Durante la Guerra de la Independencia el general Durán recuperó la ciudad de manos francesas, pero en 1812 ordenó la demolición del castillo y de las murallas para evitar que volviese a caer en manos enemigas, pasando a ser a lo largo del siglo XX uno de los parques de la ciudad.

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