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Muño Sancho de Finojosa

Don Muno Sancho Finojosa

Leyendas Caballerescas  Más información

Los caballeros Hinojosas  (CANTAR DE GESTA PROSIFICADO)


UBICACIÓN DEL RELATO flecha Hinojosa del Campo  |  Almenar

≈ Por ÁNGEL SALCEDO

  • En camino de Santiago
  • iba un alma peregrina
  • (Romance antiguo).

Oíd al juglar.

Nobles señores y nobles señoras, escuderos y hombres buenos, honradas dueñas y doncellas, oídme.

Voy a cantaros la historia de Muño Alfonso de Hinojosa.

Era un rico-home de los mejores que había cuando reinaba nuestro señor el emperador de España Don Alfonso VII ¡que Dios le. tenga en su gloria! Amén.

Tenía Muño Alfonso setenta caballos, con que corría la tierra de moros, y para descansar, cazaba. Era muy bueno y de muy buen sentido; buen guerrero contra moros y buen cazador de todos venados.

Un día andaba por el monte con sus setenta adalides, a ver si ganaba algo, y vio venir una cabalgada de moros, hombres y mujeres, todos muy bien vestidos y montados en buenos caballos, y los caballos muy bien aderezados.

Puso en ordenanza a su gente, y acometió a los moros, y los moros no se resistieron, y quedaron cautivos. No iban de guerra, sino de paz; era que el rico moro Aboabdil se casaba con la mora Alifra, uno y otra de alto linaje, e iban de un pueblo a otro a celebrar sus bodas.

Don Muño Sancho de FinojosaAboabdil preguntó:

—¿Quién manda este prender?

Le respondieron:

—Muño Sancho de Hinojosa.

Vino el moro ante Sancho, y dijo:

—Muño Sancho, si tú eres hombre bueno, te pido por merced que no me mates ni me deshonres, más mándame ir mi camino, pues yo soy un moro que iba a celebrar mis bodas con esta mora; y si así lo haces, tiempo vendrá en que no te arrepientas.

Cuando escuchó estas razones se picó Muño Alfonso de que pudiese dudar un moro de su hombría de bien, y dijo:

—No te dejaré ir tu camino, sino qUe vendrás a mi castillo y allí celebraremos tus bodas.

Y envió a decir a su mujer, Doña María Palazín, que lo preparase todo para celebrar las bodas de Aboabdil. Doña María mandó aparejar todos los aposentos, y Don Muño hizo llevar al castillo mucho pan, mucho vino y muchas carnes, y que se alzasen tablados, y que se corriesen y lidiasen toros, y que se hiciesen muy grandes alegrías; así que duraron las bodas más de quince días. Después mandó que a los moros se regalasen ricos vestidos, y los despidió, saliendo todos muy honrados del castillo, y muy contentos se fueron a su lugar.

Pasó gran tiempo. Muño Alfonso trabó batalla con un moro muy poderoso en los campos de Almenar. Luchando los. unos con los otros, matándose e hiriéndose, hubieron los moros de cortar el brazo derecho a Muño Alfonso. Los suyos entonces le dijeron:

—Vete de esta batalla y cúrate.

Mas él dijo:

—No será así, que hasta hoy me dijeron Muño Alfonso, y no quiero que de aquí adelante me digan Muño Manco.

Y alzando mucho la voz, dijo a su gente:

—Herid, caballeros, y muramos hoy aquí por la fe de Nuestro Señor Jesucristo.

Tornaron muy recios a la batalla, hiriendo y matando moros; más los moros acrecieron, y fueron tantos, que cogieron en medio a Don Muño y a sus setenta caballeros que respondían a su apellido, y los mataron a todos.

(Aquí el juglar toca un solo de viella, y después prosigue su canto.)

En el pueblo donde vivían Aboabdil y Alifra luego se supo que había muerto Don Muño y sus setenta caballeros en los campos de Almenar. Y Aboabdil, en cuanto lo oyó, fue al campo con toda su compañía, y entre los muertos conoció a Don Muño, por sus armas, y halló, cerca de su cuerpo, el brazo derecho cortado; todo lo recogió e hizo amortajar, y lo envolvió en un paño bermejo muy preciado, y meter e en un buen ataúd cubierto de buen gualdamecí con clavos de plata. y con gran reverencia llevó el ataúd al castillo de Don Muño Alfonso de Hinojosa y los mostró a Doña María Palazín, y luego lo trajeron aquí, al monasterio de Santo Domingo de Silos, y lo enterraron en el campo de la clausura, en el mismo sitio donde fue enterrado Santo Domingo. El moro hizo labrar muy honrada sepultura para Don Muño, por la honra que había él hecho a sus bodas.

Mientras esto sucedía en Castilla, allá en Jerusalén hallábase un capellán de Santo Domingo de Silos en la Casa Santa, donde está el sepulcro de nuestro Señor Jesucristo. y el capellán conocía muy bien a Muño Alfonso de Hinojosa, por ser él de esta tierra y Muño de los principales de ,ella; conocía también a los setenta caballeros que respondían al apellido de Hinojosa, y que iban con, don Muño a las batallas contra moros y a cazar venados en el monte.

Mucho se holgó el capellán al ver un día que por la calle mayor de Jerusalén iban hacia la Casa Santa Muño Alfonso de Hinojosa y sus setenta caballeros, todos armados y en orden como cuando iban a pelear contra moros, y todos rezando y cantando como van los peregrinos a prosternarse y orar ante el Santo Sepulcro en que yació tres días Nuestro Señor Jesucristo.

Fuese a ver al Patriarca, y dijo:

—Señor Patriarca, han llegado en peregrinación setenta caballeros, que son de los principales de mi tierra, azote de moros, amparo de cristianos, y viene por cabeza de ellos Muño Alfonso, que es muy rico. hombre, y muy querido del Emperador Alfonso VII, varón fuerte en las batallas a quien temen mucho los moros.

Dijo el Patriarca:

—Salgamos en procesión a recibir a esos buenos y fuertes caballeros.

Salió el Patriarca con el capellán y toda la clerecía, y fueron a la puerta de la Casa Santa a punto que entraban por ella Muño Alfonso y sus setenta caballeros.

Diéronles la paz. No hablaron palabra, sino cantos y rezos. Entraron en la Casa Santa puestos en procesión. Delante iban el Patriarca, el capellán y la clerecía con candelas encendidas. Detrás Muño Alfonso, y sus setenta adalides, todos en orden de pelea, como s¡ fuesen a entrar en batalla; todos con sus relucientes armas; todos con candelas encendidas; todos cantando en loor de Nuestro Señor Jesucristo. Cantaban los clérigos, respondían los caballeros. Cantaban los caballeros, respondían los clérigos.

Llegaron al Santo Sepulcro. Apartáronse los clérigos para que oraran los caballeros. Los caballeros se prosternaron para orar hasta tocar con sus bocas el suelo en que fue puesto el Santo Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo por aquellos honrados caballeros de Jerusalén que se llamaban Nicodemus y José de Arimatea. Oraron gran tiempo. Rezaban y cantaban.

El Patriarca dijo al capellán de Santo Domingo de Silos: —Vamos a esos caballeros, y saquémoslos de su oración, y llevémaslos a la posada, que vendrán cansados del largo camino y hambrientos y sedientos, y lavémosles los pies, y démosles agua y pan y viandas, y cuanto mandó nuestro Señor Jesucristo que se diese a los peregrinos, y que se huelguen y refocilen en nuestra compaña; porque son muy buenos y muy cristianos caballeros.

Fueron a buscar a los caballeros; pero ... (aquí el juglar canta muy despacio ... ) no estaban allí los caballeros.

Los buscaron por toda la Casa Santa. Los buscaron por toda la ciudad de Jerusalén. Los buscaron por el campo. No parecían.

El capellán escribió a Castilla por mandado del Patriarca. Pasó tiempo, y contestaron de Castilla que aquel mismo día que Muño Alfonso y sus setenta caballeros habían entrado en la Casa Santa de Jerusalén, y orado ante el Santo Sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo, habían muerto ellos peleando contra moros en los campos de Almenar. Y que el cuerpo de Muño Alfonso yacía en una muy honrada sepultura que había mandado hacer el moro Aboabdil en el campo de la claustra de Santo Domingo de Silos.

Dijeron asimismo de Castilla que Muño Alfonso y sus setenta caballeros habían hecho en vida voto de ir en peregrinación a la Casa Santa de Jerusalén, y que no lo habían podido cumplir por haber sido muertos en su oficio de pelear contra moros por la fe de Nuestro Señor Jesucristo.

Entonces vieron el Patriarca, el capellán y toda la clerecía, que no eran Muño Alfonso y sus setenta caballeros los que habían entrado aquel día en la Casa Santa, sino sus ánimas, que eran ánimas santas, y fueron allá por mandado de Dios Padre a cumplir el voto que habían hecho en vida.

Nobles señores y señoras, escuderos y hombres buenos, honradas dueñas y doncellas; aquí acaba el cantar de los caballeros Hinojosas. ¿Tenéis algo para el juglar? Si no tenéis dinero, dadme pan. Siquiera un vaso de buen vino ...

 

 

Más información

  • Bello relato publicado en la revista española, La Lectura Dominical, por los años de 1905 o siguientes.

  •  • Recopilado y anotado por Florentino Zamora Lucas, Correspondiente de la Real Academia de la Historia.
  •  • El nombre de los pueblos concuerda con el que era utilizado en la época del texto.

 


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Apellido Finojosa


≈ Por el MARQUÉS DE CERRALBO

 

Los Caballeros Hinojosas fueron «gente ilustre en estos tiempos y en aquellos muy ricos y hacendados», dice el P. Yepes. El apellido Finojosa toma su origen del lugar de Hinojosa, entre Gómara y Ágreda, distando tres leguas el uno del otro. De aquel lugar eran señores los Finojosas, con el apellido de Muñoz, según dice Argote de Molina.

Muño Sancho, fue el portentoso y legendario ricohome Muño Sancho de Finojosa, del siglo XII; sus hazañas corrieron por lenguas públicas en cantares de gesta, perpetuadas en prosa del siglo XIII, que descubriera P. Yepes, pasando a Sandoval, al P. Cordón, FitzGerald, Ferotin y Menéndez y Pelayo.

La madre del Arzobispo ]iménez de Rada, Doña Sancha, fue hermana de Don Munio Sancho, el noble y generoso caballero, que le llama el epitafio de Silos, y fue Señor de Hinojosa; Deza y Aguilar, por eso el Arzobispo nos dice en su Historia, libro VII que este don Munio su tío ganó a Ariza.

 

 

Más información

  • Datos tomados del Discurso pronunciado por el Sr. Marqués de Cerralbo en su recepción pública, como académico de la Real Academia de la Historia, el 11 de mayo de 1908.
  • Con lo escrito, por el Sr. Marqués de Cerralbo, queda bien localizada esta leyenda por Hinojosa del Campo (Campos de Arabiana de los Infantes de Lara), a pesar de la «tímida» duda de Sandoval al decir que hubo contienda con «un moro en los Campos de Almenara, cerca de Uclés» (puntos suspensivos). Ciertamente es el único autor que nos da esa lección, pues el manuscrito no lo dice, y así lo afirma John D. Fitz-Gerald. La duda de Sandoval fue recogida por López Agurleta en la Vida del Fundador de la Orden de Santiago, pág. 127, pero sin ningún fundamento, ni averiguación.

  •  • Recopilado y anotado por Florentino Zamora Lucas, Correspondiente de la Real Academia de la Historia.
  •  • El nombre de los pueblos concuerda con el que era utilizado en la época del texto.

 


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Epitafio de Nuño Sancho de Finojosa (NOTA ACLARATORIA)


≈ Por el P. FR. JUSTO PÉREZ DE URBEL

 

En versos leóninos, pero prosódicamente defectuosos, está escrito el epitafio de Nuño Sancho de Finojosa, famoso caballero, contemporáneo de Santo Domingo, a quien los juglares de Castilla cantaron en sus romances. El archivo de Silos guarda todavía un viejo códice, donde se escribe su historia con el perfume de la primitiva habla castellana.

El P. Pérez de Urbel extracta la leyenda: «Era Nuño Señor de setenta caballos y bon cazador de todos venados».

Los huesos de los Finojosas estuvieron antiguamente en una capilla, levantada por ellos en el jardín del elaustro. Destruida la capilla en el siglo XVII fueron trasladados al lugar donde hoy se ve la inscripción con caracteres modernos.

Dentro de la citada capilla había cuatro sarcófagos con sus respectivas inscripciones que nos ha conservado un monje, del siglo XVI.

En ellos reposaban los cuerpos de Munio Sancho, de su mujer María Palacín, y de sus dos hijos Domingo y Fernando. Este último debe ser el Ferdinandus Munionis, que se firma mayordomo del rey Alfonso VI, en casi todos los documentos reales fechados entre 1080 y 1090.

La inscripción de don Munio es la más larga de las cuatro y está en exámetros, cuyos hemistiquios riman entre sí, casi todos con rima perfecta.

 

 

Más información

  • (Nota tomada del libro del P. Pérez de Urbel, El Claustro de Silos, Burgos, 1930, págs. 238-239.)
  • El Sr. Barón de la Linde, Don Antonio M.a Pinies Sánchez de Muñoz, publicó en 1911, en Valencia una Noticia Histórico Genealógica de la familia Sánchez Muñoz de Teruel, Señores de Finojosa, y en la página 12 coloca la leyenda de Don Munio Sancho de Finojosa, el caballero legendario, Rico-hombre y Señor de Finojosa, tomándola, al pie de la letra de la impresión por el P. Prudencio de Sandoval, en el capítulo XXV de libro XVIII de su obra, sin ningÍln comentario, «pues esta Noticia Histórica, dice, se ha escrito con el solo fin de tener recopilados datos históricos» de esta familia, tomando, además, muchas noticias del Discurso del Sr. Marqués de Cerralbo, sobre el Monasterio de Santa María de Huerta (Soria).

  •  • Recopilado y anotado por Florentino Zamora Lucas, Correspondiente de la Real Academia de la Historia.
  •  • El nombre de los pueblos concuerda con el que era utilizado en la época del texto.

 


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