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Nuñez de Fuente Almexir, el Leal

El Leal Núñez de Fuente Almexir

Leyendas Caballerescas  Más información

Núñez de Fuente Almexir, el Leal  [ del Libro de Patronio ]


UBICACIÓN DEL RELATO flecha Fuentearmegil

≈ Por JUAN MANUEL

 

De lo que acontesció a don Pero Núñez, el Leal, et á don Roy Gómez Zaballos, et á don Gutier Roiz de Blasquiello con el conde don Rodrigo el Franco (en lugar de este epígrafe, el códice de la Academia trae el siguiente: «De lo que acaesció a tres cavalleros que sirvieron lealmente a su señor que murió en corte de Roma, gafo»).

ENSEMPLO, XLIV

El conde Lucanor fablaba otra vez con Patronio, su consejero, et díjole: «Patronio, a mí acaesció de haber muy grandes guerras, en tal guisa, que estaba la mi facienda en muy grand perdimiento; et cuando yo estaba en el mayor menester, algunos que yo crié et a quien ficiera mucho bien, dejábanme et aun enseñáronse a me facer mucho deservicio; et tales cosas ficieron contra mí aquellos, que bien vos digo que me ficieran haber muy peor esperanza de las gentes de cuanta había ante que ellos errasen contra mí.

Et por el buen seso que Dios vos dio, ruégovos que me consejedes lo que debo facer en esto». «Señor Conde, dijo Patronio, si los que así erraron contra vos fueran tales como fueron don Pero Núñez de Fuente Almexir, et don Roy González de Zaballos et don Gutierre Rodríguez de Languerella, sopieran lo que les contesció, non ficieran lo que ficieron». El conde le preguntó cómo fuera aquello.

«Señor, dijo Patronio, aquesto acaesció así: El conde don Rodrigo el Franco fue casado con una dueña, hija de don Gil García de Azagra, et fue muy buena dueña; et el conde su marido sacóla falso testimonio; et quejándose desto fizo su oración a Dios, que si ella era culpada, que mostrase su milagro en ella; et si el conde le asacara falso testimonio, que lo mostrase en él. Et luego que la oración fue acabada, por el milagro de Dios, engafeció el conde, et ella partióse dél, et luego que fueron partidos envió el rey de Navarra sos mandaderos a la dueña, et casó con ella, et fue reina de Navarra.

Et el conde, siendo gafo, et viendo que non podía guarescer, fuese para la tierra santa en romería para ir morir allá: et como quier que era muy hondrado et había muchos buenos vasallos, non fueron con él sinon estos tres caballeros dichos, et moraron allá tanto tiempo, que les non cumplía lo que llevaron de su tierra, et hobieron de venir a tan grant pobreza, que non habían que dar al conde su señor a comer: et por la grant mengua alquilábanse cada día en la plaza los dos, et el uno fincaba con el conde, et de lo que ganaban gobernaban a su señor: et asimismo cada noche bañaban al conde et limpiábanle las llagas de la gafedat.

Et acaesció que en bañándole una noche los brazos et las piernas, que por aventura hobieron mester escopir, et escopieron. Et cuando el conde vio que todos escopieron, cuidando que lo facían por asco que dél tomaban comenzó a llorar et a quejarse de grant pesar et quebranto del asco que dél hobieron. Et porque el conde entendiese que non hobieran asco de la su dolencia, tomaron con las manos de aquel agua que estaba llena de podre et de las postillas que le salían de las llagas que el conde había, et bebieron della muy grant pieza.

Et pasando con el conde tal vida, fincaron con él fasta que el conde murió. Et porque ellos tovieron que les sería mengua tornar a Castilla sin su señor vivo o muerto, non quisieron tornar sin él. Et como quier que les decían quel'ficiesen cocer et que levasen los sus huesos, dijeron ellos que tampoco consentirían que ninguno pusiese la mano en su señor, siéndo finado como siendo vivo, et non consintieron que le cociesen; más enterráronlo et lo esperaron fasta que fue toda la carne desfecha, et metieron los huesos en una arqueta, et traíenlos a veces a cuestas.

Et así vinían pidiendo las raciones, trayendo a su señor a cuestas; pero traían testimonio de todo esto que les había acaescido. Et viniendo ellos tan pobres, pero bien andantes, llegaron a tierra de Tolosa, et entraron por una villa, et toparon con grand gente que llevaban a quemar una dueña hondrada, porque la acusaba un hermano de su marido, et decía que si algunt caballero non salvase a la dueña, que cumpliesen en ella aquella justicia, et non fallaban caballero que la salvase.

Et desque don Pero Núñez, el Leal et de buena ventura, entendió que por mengua de caballero facían aquella justicia de aquella dueña, dijo a sus compañeros que si él sopiese que la dueña era sin culpa, que él la salvaría; et fuese luego para la dueña et preguntóle la verdat del fecho. Ella le dijo que ciertamente ella nunca ficiera aquel yerro de que la acusaban; más que fuera su talante de lo facer. Como don Pero Núñez entendió que ella de su talante quisiera facer lo que non debía, asmó que non podía ser que algunt mal non le conteciese al que la quisiese salvar: pero pues él lo había comenzado, et sabía que non ficiera todo el yerro de lo que la acusaban, dijo que él la salvaría.

Et como quier que los acusadores le cuidaron desechar diciendo que non era caballero, desque mostró el testimonio que tráía non lo pudieron desechar, et los parientes de la dueña diéronle caballo et armas, et ante que entrase en el campo dijo a sus  parientes que con la mercéd de Dios que él fincaría con honra et que salvaría la dueña; mas que non podía ser que a él non le aviniese alguna ocasión por lo que la dueña quisiera facer. Et desque entraron en el campo ayudó Dios a don Pero Núñez, et venció la lid et salvó la dueña, pero perdió don Pero Núñez el ojo, et así se cumplió todo lo que don Pero Núñez dijera antes que entrase en el campo: et la dueña e sus parientes dieron tanto de haber a don Pero Núñez, con que pudieron traer los huesos del conde su señor, ya cuanto más sin la lacería que antes.

Et cuando las nuevas llegaron al rey de Castiella de cómo aquellos bienandantes caballeros venían et traían los huesos del conde su señor, et cómo venien tan bien andantes, plógole mucho ende et gradesció mucho a Dios porque eran de su reino homes que tal cosa ficieran; et envióles mandar que viniesen de pie así mal vestidos como venían; et el día que hobieron de entrar en el su reino de Castilla, saliólos a rescebir el rey de pié, bien cinco leguas antes que llegasen al su reino; et fizóles tanto bien, que hoy día son heredados los que vienen de su linaje de lo que el rey les dió.

Et el rey et todos cuantos venían con él, por facer honra al conde señaladamente, et por la facer a los caballeros, fueron con los huesos del conde tasta Osma, do los enterraron; et desque fue enterrado, fuéronse los caballeros para sus casas; et el día que don Roy González llegó a sú casa, cuando se asentó a la mesa con su mujer, desque la buena dueña vio la vianda ante sí, alzó las manos a Dios et dijo: «Señor, bendito seas tú, que me dejaste ver este día; ca tú sabes que después que Roy González se partió desta tierra, que esta es la primera carne que yo comí et el primer vino que yo bebí».

A don Roy González pesóle desto, et preguntóle que por qué lo ficiera; ella dijo que bien sabía él que cuando se fuera con el conde, que le dijera que nunca tornaría sin el conde, et que ella viviese como buena dueña, que nunca le menguaría pan et agua en su casa; et pues él esto le dijera, que non era razón que le saliese de mandado, et que por esto non comiera ninbebiera sino pan et agua. Et otrosi, desque don Pero Núñez llegó a su casa, desque fincaron él et sus parientes et su mujer sin otra compaña, la buena dueña et sus parientes, con el grand placer que habían, comenzaron a reír, et cuidó don Pero Núñez que hacían escarnio dél porque perdiera el ojo; et cubrió el manto por la cabeza, et echó se muy triste en la cama.

Et cuando la buena dueña lo vio ansí triste, hobo ende muy grant pesar; et tanto le afincó, fasta que lo hobo de decir que se sentía mucho porque facían escarnio por el ojo que perdiera. Et cuando la buena dueña esto oyó, dióse con una aguja en su ojo et quebrólo, et dijo a don Pero Núñez que aquello ficiera ella porque si alguna vez riyeren, nunca cuidase él que reían dél por le facer escarnio; et así fizo Dios bien en aquellos caballeros buenos por el bien que ficieron.

Et tengo que si los que también acertaron en el vuestro servicio fueran tales como estos o sopieran cuánto bien les vino por esto que ficieron, que non lo erraran como lo erraron; pero vos, Señor conde Lucanor, por vos facer algunt yerro algunos que lo non debían facer, nunca por eso dejéis de facer bien a los que más yerran a sí mesmos que a vos; et parad mientes, que si algunos vos erraron, que muchos otros vos sirvieron; et más vos cumplió el servicio que aquellos vos ficieron, que vos empeció nin vos tuvo mengua los que vos erraron: et non creades que de todos los que facedes bien, que de todos tomades servicio; más un tal acaecimiento vos podría acaescer, que uno vos hará tal servicio, que ternedes por bien empleado cuanto bien fagades a los otros».

El conde tuvo este por buen consejo, et por verdadero; et entendiendo don Johan que este enxemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro, et fizo estos viesos que dicen así:

Maguer que algunos te hayan errado,

Non dejes por eso de facer aguisado.

 

 

Más información

  • Biblioteca de Autores Españoles. Madrid, 1884. Rivadeneyra, págs. 413-414, tomo 51. Libro de Patronio, por Don Juan Manuel, o sea, Conde Lucanor. 

  •  • Recopilado y anotado por Florentino Zamora Lucas, Correspondiente de la Real Academia de la Historia.
  •  • El nombre de los pueblos concuerda con el que era utilizado en la época del texto.

 


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