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El abad San Íñigo en Salduero

El abad San Íñigo en Salduero

Leyendas religiosas  Más información

Leyendas del Abad San Íñigo en Salduero


UBICACIÓN DEL RELATO flecha Salduero

≈ Por FLORENTINO ZAMORA

 

Y ahora un poquito de leyenda acerca de San Íñigo y la fundación de Salduero.

Elogian al Santo Abad Íñigo, y «tratan uniformemente de sus señaladas virtudes», todos los que escribieron la Historia de Valvanera, tales Bravo, Silva Pacheco, Fr. Benito Rubio y el prebendado de Logroño, Salazar Hontiveros.

Todos se hacen eco de sus milagros, y refieren por extenso lo siguiente:

Siendo Abad de Valvanera, San Íñigo, nos dicen, le precisó salir del Monasterio a cuidar de su hacienda, y ver los ganados de ella que pastaban en los campos del lugar de Salguero, en la Sierra, cerca de Vinuesa. Hallándose en aquella soledad, a la hora del medio día, quiso dar alguna refacción a su cansado cuerpo y a dos monjes que le acompañaban, sentados a la mesa «que era el campo con manteles de flores»; sus pastores les sirvieron lo que tenían, que era un poco de pan de centeno y leche de las ovejas.

Al bendecir estos alimentos advirtió el Abad «que los monjes se afligían, viendo que les quitaban el sustento a los pastores para tomarlo ellos» o también, como escribe Salazar Hontiveros, «sintió el Santo Prelado no por sí, sino por ver cansados a sus compañeros y él hallarse con tan corto alimento para socorrerles la necesidad y fatiga de tan largo y áspero camino».

Al momento púsose en oración, levantando al cielo las manos y los ojos, y fue tan eficaz la súplica, que «al instante se vio un águila en el aire, que trajo entre sus uñas un pez tan grande, que bastó para sustento y aun regalo del prelado y de sus súbditos, sobrando con abundancia también para los pastores».

Salazar Hontiveros, al referir esto mismo, dice: «que luego se apareció una águila, la que trayendo en las uñas un gran pez, se acercó blandamente al Santo Abad y se lo puso en la mesa: recibió San Íñigo el regalo y mandándole asar lo repartió entre sus monjes, sin él probarle, que ocupado su espíritu en el Señor, sólo cuidó de darle gracias».

Unido a este milagro refieren otro los escritores de Valvanera, que por lo detallado y preciso tomamos de Salazar Hontiveros, acaso el más crédulo de todos ellos.

«Sucedió, dice éste, que en el mismo sitio, antes de levantarse de la mesa le dio la enfermedad de la muerte, sobresaltándole una fiebre maligna».

Y a continuación describe Salazar el lugar y origen de la Iglesia de San Juan de Salgueiro. «En dicho sitio hay una Ermita de San Juan, y cerca de ella una fuente tan caudalosa, que a corto término de su corriente, se valen de ella algunos molinos. Dicha fuente hacía por entonces una grande balsa, en una revuelta que daba, y en ella se criaban muchas ranas, las cuales, con su desapacible canto le causaban al Santo Abad notable molestia».

Afligidos los monjes, viéndole tan fatigado, por no poderle aliviar, les consoló el Abad, diciéndoles que «no duraría mucho tiempo el ruido de las ranas». No comprendieron aquéllos, entonces, el sentido de estas palabras, hasta que al siguiente día, yendo a la fuente, hallaran muertas sobre el agua todas cuantas ranas tenía la balsa.

Llegado el quinto día de su enfermedad entregó su espíritu al Creador el 18 de julio de 1117, según la opinión más recibida.

En tan duro y dolido trance determinaron los monjes llevar su cuerpo al Monasterio de Valvanera, de donde era Abad.

Como por aquellos días de julio eran los calores excesivos y con el fin de portar su cadáver con más decencia, procedieron a abrir su vientre y enterrar sus entrañas «cerca de la Ermita de San Juan», llevando su cuerpo al Monasterio de Valvanera y lo sepultaron en el llamado Claustro Santo.

Pasaron los años y casi se borró la noticia de sus milagros y santidad, hasta que vino a resucitarla otra maravilla, con visos de leyenda, pues «conociendo que cuantos animales pasaban por aquella parte, en que fueron enterradas las entrañas del Santo Abad perdían la vida, inmediatamente llegaron a comprender, así los monjes como las demás gentes de la comarca, era la voluntad de Dios, fuesen reverenciadas las reliquias suyas, que en aquel campo habían dejado y así erigieron en el mismo sitio una iglesia, con el nombre de San Juan Bautista, en la cual desde entonces ha obrado nuestro Señor muchos milagros por los méritos de San Íñigo».

Este quieren sea el origen del lugar de Salduero, pues Silva Pacheco (fol. 150), al relatar el caso de la muerte de los animales que pasaban junto a la Ermita de San Juan y la erección de su iglesia agrega: «la devoción de los pueblos añadió edificios y formaron con brevedad un pueblo que se llamaba Salguero, muy cercano a la villa de Vinuesa, siendo la causa de formarse la parte del difunto (o sea las vísceras) que contiene aquella Ermita antigua del Bautista».
 

 

 

Más información

  • Publicada en la revista Celtiberia, año 1953, núm. 5, págs. 98-100. Benedictinos de Salduero. 

  •  • Recopilado y anotado por Florentino Zamora Lucas, Correspondiente de la Real Academia de la Historia.
  •  • El nombre de los pueblos concuerda con el que era utilizado en la época del texto.

 


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