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El zapatero de Ágreda

El zapatero de Ágreda

Leyendas religiosas  Más información

El zapatero de Ágreda


UBICACIÓN DEL RELATO  flecha Ágreda

 ≈ Por el ABAD DE GUTUR

 

En la antiquísima e histórica Villa de Ágreda, situada en las orillas del Queiles, donde profunda huella de su paso dejaron los musulmanes, como lo atestiguan los casi derruidos muros y torreones, se venera con gran devoción una imagen de la Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de los Milagros, que sólo sale en procesión en los casos de extremada necesidad, sequía, peste u otra calamidad pública.

Hacia fines del siglo XVI o principios del siglo XVII, vivía en la referida villa un zapatero remendón, amigo del zumo de las uvas, un tanto holgazán y otro tanto volteriano, que si no alardeaba de impiedad, por temor a los familiares del Santo Oficio, en su fuero interno (como ahora se dice) considerándose espíritu fuerte, se reía y burlaba de las cosas de la Iglesia.

En aquella época, una de esas sequías asoladoras que arruinan a los pueblos tenía consternados a los moradores de Ágreda y a los de los pueblos vecinos; y como el mal no se remediaba, y la calamidad seguía; y el cauce del Queiles quedaba seco, se pensó en sacar en procesión a la milagrosa imagen, para lo cual, como era preciso, tenían que reunirse los concejos que constituían la antigua merindad de Ágreda, además de hacer costosos preparativos.

Llegó el día señalado, el del Corpus, y como el acto religioso, era un acontecimiento, que tenía lugar raras veces, los pueblos inmediatos se despoblaron para acudir a la fiesta e implorar a la Virgen la tan deseada lluvia.

En las calles de la villa se apiñaba una multitud triste y silenciosa, sobre la cual parecía cernerse el buitre del hambre; las casas del tránsito estaban engalanadas con vistosas colgaduras, se oye un repique general de campana, se formó la comitiva de los Concejos, salieron del templo cientos de sacerdotes, revestidos unos de capas recamadas de pedrería y otros de blancas sobrepellices y apareció en el umbral de la Iglesia la magestuosa Imagen, en presencia de la que se doblaron todas las rodillas, se inclinaron todas las frentes y se abrieron todos los corazones a la esperanza.

Momentos después se rompe la marcha y continúa la Virgen avanzando lentamente sobre la multitud que mezcla sus plegarias con las nubes de incienso para que suban perfumadas a las celestes mansiones.

De pronto se oye un rumor de sorpresa que se hace mayor cada vez. ¿ Qué sucede?

La imagen ha quedado fija, los esfuerzos de los que llevan las andas son inútiles.

Algo anómalo ocurre; una mano desconocida abre la puerta de una casa y los más próximos ven en el portal de la misma un hombre en actitud de trabajar, convertido en estatua, como la mujer de Lot.

Era el zapatero volteriano que, burlándose del precepto que obliga a guardar fiesta, recibía un castigo ejemplar.

Yo sólo puedo decirte que así me lo contaron, y que he visto en la Iglesia de la Virgen de los Milagros, además de los ricos retablos y pinturas que la convierten en Museo de preciosidades, la estatua del Zapatero, colocada a unos seis metros de altura en la parte de la izquierda, debajo de la cual se leen estos versos, copiados al pie de la letra:

 

  • Porque del Corpus un día
  • trabajé, desprecio haciendo
  • a aquella hermosa María,
  • con un Milagro estupendo
  • descubrió la culpa mía.
  • Pues llevada en procesión
  • acompañando a; su hijo
  • llegando a mi habitación
  • estuvo inmóvil, y dijo
  • sin palabras mi traición.

 

 

Más información

  • Publicado por el abad de Gutur en el Protector industrial de Madrid, reproducido por El Avisador Numantino, número del 4 octubre 1894.

  •  • Recopilado y anotado por Florentino Zamora Lucas, Correspondiente de la Real Academia de la Historia.
  •  • El nombre de los pueblos concuerda con el que era utilizado en la época del texto.

 


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