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Soria y alrededores

Paseo del Duero Santo Domingo Monte Valonsadero

Comarcas

Al amparo del vado sobre el Duero


• Alfonso VIII
• Valonsadero

 

En el centro Norte de la provincia, sobre la orilla derecha del Duero, descansa Soria, la capital y el corazón de su Tierra y de la provincia entera. Del río extrajo la ciudad su propio carácter, y todavía hoy hay quien opina que también su nombre -según esta tesis, Soria derivaría del latín Dauria o Duero-, pero el contacto físico entre uno y otra sigue manteniendo la "timidez" de que hiciera gala en su primer emplazamiento: con su casco urbano primitivo apenas rozando las aguas, en la vaguada entre los cerros del Castillo y del Mirón, mientras el grueso de las edificaciones, incluidas las más modernas, se expandían lejos del río, hacia la llanura de poniente.

La zona en que hoy se alza Soria fue lugar estratégico de los arévacos, pueblo fundamentalmente de pastores que tuvo en Numancia su capital. Las noticias más antiguas de la población, mencionada ya por su nombre, se remontan a su conquista por las tropas califales cordobesas del siglo IX. La recuperó para las armas cristianas el conde Fernán González, pero de poco hubiera servido este esfuerzo de no mediar después la política repobladora de Alfonso I el Batallador de Aragón, en el siglo XII. Su hermano y sucesor, Ramiro II el Monje, cedería el enclave posteriormente a Alfonso VII de Castilla, quien continuó favoreciendo la línea de nuevos asentamientos que iniciaron los aragoneses.

Alfonso VIII

El cénit, del entendimiento entre la corona de Castilla y la ciudad de Soria llegaría, precisamente, con la figura de Alfonso VIII. El rey castellano pasó en ella largas temporadas durante su infancia. Incluso puede decirse que los sorianos le ayudaron a conservar el trono durante su minoría de edad, cuando su tío, Fernando II de León, llegó a Soria dispuesto a secuestrarlo. Merced a la conjura de los sorianos pudo Alfonso VIII huir, escondido bajo la capa de Pedro Núñez, señor de Fuente Algemir (hoy Fuentearmegil).

Con Alfonso VIII conocería Soria su primera y principal época de florecimiento, estrechamente vinculada a los frutos de la repoblación. La segunda sería ya muy posterior, en el siglo XVI, tras el asentamiento en la ciudad de una potente nobleza ganadera: de esta etapa data la colegiata de San Pedro, reedificada sobre una antigua iglesia románica del mismo nombre, y los mejores palacios -como el de los condes de Gómara- y casonas de las calles Real, Aduana Vieja, Caballeros y Collado.

Alfonso VIII apoyó la construcción de muchos de los monumentos románicos que aún subsisten, más o menos reformados. Y grande debió ser el agradecimiento de los sorianos al rey, si se tiene en cuenta que llegaron a incorporar su imagen al escudo de la ciudad: sobre las almenas de la torre a la que orla el lema «SORIA PURA, CABEZA DE EXTREMADURA", como para significar su categoría de bastión de la línea fronteriza del Duero -o Extrema Douris- frente a los musulmanes.

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  • Valonsadero

  •  A seis kilómetros de Soria se encuentra el monte Valonsadero, que ocupa 28 kilómetros cuadrados. Paraje muy querido por los sorianos y admirado por los visitantes, cuenta con numerosos recursos perfectamente armonizados. Su orografía está dibujada con las suaves líneas que trazan sus praderas y vegas salpicadas por hiladas rocosas de caprichosas formas.
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  • • Valonsadero, además, es escenario importante de las fiestas de San Juan y lugar tradicional de recreo. Hay instalaciones que ofrecen servicios de restauración, alojamiento e información sobre el monte. El medio natural está formado por una caprichosa geología, habitada por bosques de robles, quejigos y pinos, que alternan con praderas con ganado vacuno.
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  • • A nivel artístico destaca el conjunto de pinturas rupestres esquemáticas realizadas por pastores neolíticos con variados motivos geométricos.

 


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